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Antiguos escribanos en Guadalajara

8 abril, 2018 | Dulce Villarreal

Los escribanos, a quien la gente llamaba “evangelistas”, surgieron a finales del siglo XIX. Había un alto índice de analfabetas en la ciudad; algunas personas sólo sabían escribir su nombre como firma, otros preferían dibujar una “X” o un simple garabato.

Una vieja máquina de escribir y hojas de papel eran suficientes para satisfacer a la población tapatía de antaño. Los “evangelistas” redactaban desde escritos dirigidos a las autoridades hasta cartas de amor.

Al principio escribían todo a mano, después usaron las primeras máquinas que llegaron a Guadalajara. En realidad, los “evangelistas” eran personas poco instruidas, aunque estaban obligados a tomar tres cursos en el Instituto de Ciencias del Estado, y aprobar un examen teórico.

Desde temprano, las historias se escribían en la vía pública. Se instalaban en las cercanías de Santo Domingo (donde hoy está el templo de San José). Esa calle, la de Reforma, se le llegó a conocer como “de los Escritorios”.

Con el crecimiento de la ciudad se establecieron después en San Juan de Dios, San Agustín y en el Jardín de la Penitenciaría de Escobedo, hoy Parque de la Revolución. También estuvieron en el antiguo jardín de la Soledad, donde hoy está la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, ya que antes, justo enfrente estaba la oficina de correos. Así, por su atinada ubicación, consiguieron cierta prosperidad mediante este oficio.

Mario Z. Puglisi, en: Triviario tapatío (2010), Guadalajara: Tedium Vitae; dir. Alberto García Ruvalcaba, p.121.