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Anecdotario tapatío: Extranjeros en Guadalajara

8 febrero, 2018 | Dulce Villarreal

Entre algunos extranjeros radicados aquí, sucedieron cosas que allá, en su tiempo, motivaron diversos comentarios. Lo que a continuación les cuento, le pasó a Manuel Pérez Verdía, quien es un poco mayor que yo, y cuando ocurrió él comenzaba a trabajar y yo era estudiante.

Había, por entonces, un japonés, profesos de gimnasia y judo, que se llamaba Hamada, al que recuerdo vagamente, así como a su señora, que era muy traviesa.

Una vez el marido se la encontró con Manuel, quien, asustado, esperaba ser agredido, pero, con azoro, vio que atacó a la señora con golpes de judo, sin hacerle ni decirle nada a él, lo que aprovechó para irse corriendo.

Sin embargo, al día siguiente se presentó el profesor, todo ceremonioso, en el despacho de su papá, el licenciado Don José Pérez Verdía, a comunicarle el hecho. El licenciado oyó la queja, ofreció poner un remedio efectivo y, siempre ceremonioso, se despidió el japonés haciendo caravanas. Don José amonestó severamente a Manuel y, en castigo, lo mandó a trabajar a México, al cuidado de su tío, el licenciado Don Antonio, lo cual resultó un premio pues Manuel fue encauzándose allá y se acomodó tanto que se fue quedando y ahí vive hasta la fecha.

Este incidente cambió todo el curso de su vida. Pensándolo, vemos que no es raro que pequeños acontecimientos sean factores determinantes o decisivos que afecten todo el porvenir de una persona.

Extracto de: Aurelio G. Hermosillo y Brizuela, Memorias indiscretas y ociosas, Guadalajara, 1999, pp. 19-20.