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¿Cómo construyeron los ingenieros romanos los primeros caminos rectos?

28 marzo, 2016 | Carlos Vergara

Durante el siglo II d.C., en su momento de mayor gloria, el ejército imperial romano era una fuerza formidable. Había conquistado gran parte del mundo conocido, desde Escocia hasta las orillas del Éufrates, en Mesopotamia (actual Irak). El ejército construía puentes, túneles, fortalezas, canales, mercados y baños, toda una estructura urbana, pero su mayor logro fue una red de caminos imperiales que llegó a abarcar 88 mil kilómetros. via apia La primera calzada romana se construyó en el año 312 a.C. y unía Roma con Capua, en el sur; posteriormente se amplió hasta Brindisi, al este. La calzada, conocida como Vía Apia, marcó un hito en la construcción de caminos, con su superficie seca y relativamente lisa, firme y bien drenada. Esta vía compartía con las demás calzadas romanas la característica de ser casi recta, a fin de proporcionar a las tropas que se desplazaban a pie o a caballo una ruta lo más directa posible. 3 El curso de la calzada fue trazado con sólo dos instrumentos: un reloj solar portátil, para determinar la dirección, y una groma o listón de madera dispuesto horizontalmente con cuatro plomadas verticales, que se usaba para calibrar los ángulos rectos y marcar el trazado. Una vez hecho esto se procedía a construir el camino con estricta precisión, superponiendo varias capas de piedra para permitir el drenaje del agua y añadiendo un núcleo poroso que se solidificaría con el paso del tiempo. 4 Las principales vías comenzaban con una base de tierra compacta de un metro de profundidad y una anchura recomendada de 5.5 metros, ésta se cubría con una capa más gruesa de grava, fragmentos de teja y hormigón; a continuación se colocaba una tercera capa de escoria, limo, yeso o tejas y, por último, se instalaban las losas del pavimento. Un canal central dividía en ocasiones la calzada. Las normas de urbanismo romano, como las ciudades, calzadas y puentes, no serían superadas hasta épocas muy resientes; las antiguas vías romanas hoy se han convertido en las principales rutas de transito de la Europa occidental.